Gracias por registrarte
Hemos detectado un registro previo de esta identificación médica. Se ha enviado un correo electrónico con instrucciones para activar esta cuenta.
Bienvenido a la plataforma Abbott.
Se le envió un código por correo electrónico; por favor, introduzca el número de verificación.


Gracias por registrarte
You will receive a confirmation email and now you can login to the medicines platform

Please contact mail@abbott.com for more information
Thanks for registering
NEUROCIENCIAS Salud mental
November 22, 2025
Los vínculos entre la mala calidad del aire y los efectos en la salud pública son evidentes. La contaminación causa daños a corto y largo plazo, a la vez que es responsable de diversas enfermedades respiratorias y cardiovasculares, así como padecimientos endocrinológicos, enfermedades crónicas no transmisibles, incremento en los casos de asma, desarrollo de cáncer y aterosclerosis, enfermedades ginecológicas, padecimientos oculares como conjuntivitis y cataratas, daños diversos en el sistema nervioso y efectos negativos en el embarazo, entre otros.1
Asimismo, se ha reportado que la exposición prolongada al aire contaminado puede desencadenar enfermedades como Alzhéimer y diabetes tipo 2, e incluso incentivar cuadros de ansiedad y depresión o, en casos extremos, sentimientos de suicidio y comportamiento criminal.1
El ambiente ha sido, desde los albores de la psiquiatría, un factor fundamental en el estudio y la comprensión de las enfermedades mentales. Se puede incluso señalar su evolución desde una concepción ambientalista genérica a una más actual, en donde distintos factores físicos y químicos tienen efectos directos en patologías afectivas y en enfermedades cerebrales.2
Cada vez es más robusta la evidencia que señala que la exposición por varios años a altos niveles de contaminación ocasiona inflamación neuronal, lo que contribuye a desencadenar desórdenes mentales. La contaminación del aire parece ser, de este modo, un factor importante en la incidencia de cuadros de ansiedad y depresión, e incluso en ataques de pánico y pensamientos de suicidio.1
De igual forma, estudios recientes han encontrado que el aire sucio incrementa la producción de cortisol (hormona relacionada con el estrés) que incide en la ansiedad y percepción de riesgo, lo cual fomenta un comportamiento criminal.1
En el caso de las partículas contaminantes, su impacto en la salud mental se atribuye a su potencial efecto inflamatorio sistémico y de estrés oxidativo cerebral. Este mecanismo podría afectar al sistema nervioso central y provocar cambios estructurales y funcionales que, a su vez, estarían asociados con problemas mentales.2
En el caso de los cambios celulares, existe la posibilidad de que la exposición acumulada de diversas toxinas ambientales durante el curso de la vida pueda resultar en alteraciones de la línea germinal, especialmente en hombres mayores. Las toxinas ambientales pueden inducir mutaciones en la línea germinal, daño en el ADN e hipermetilación global. Por lo tanto, es altamente plausible que los cambios en el ADN aumenten con la edad y, por ende, que la esquizofrenia y trastorno bipolar sean más frecuente en hijos de padres mayores.3
Además, se ha reportado evidencia de que el comportamiento y el medio ambiente influyen en la neurogénesis en el hipocampo adulto a través de mecanismos epigenéticos. De hecho, se ha demostrado que nuevas neuronas se generan en el hipocampo a lo largo de la vida, proceso asociado con el aprendizaje, la memoria y el control emocional. Por lo tanto, cualquier efecto del medio ambiente tiene gran importancia sobre la conducta humana.3
No obstante, esta toxicidad ambiental no solo afecta a la persona adulta. El cerebro, siendo excepcionalmente sensible a la exposición a sustancias químicas, tiene mayor vulnerabilidad en la vida intrauterina y los primeros años de vida, justo cuando este se desarrolla. Durante estas etapas de la vida, el cerebro puede sufrir daños importantes con exposiciones muy bajas de contaminantes.2
Durante el desarrollo cognitivo, hay cinco sustancias químicas que pueden ser clasificadas como neurotóxicas: plomo, metilmercurio, arsénico, PCB (policlorobifenilos) y tolueno. Pero también se han señalado otras 201 sustancias químicas capaces de provocar daño al sistema nervioso. Si estos contaminantes tienen efectos sobre el sistema nervioso en las etapas del desarrollo, es lógicopensar que también puedan afectar a las personas mayores. De hecho, están aumentando las pruebas que sugieren una relación entre los contaminantes ambientales y la demencia y la enfermedad de Alzheimer.2
Referencias
1, Velasco E, Retama A. La contaminación del aire: un problema de salud pública. Universitarios Potosinos. 2019;233:12-17. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/333745195_La_contaminacion_del_aire_un_problema_de_salud_publica
2. Ordóñez JM. Salud mental y salud ambiental. Una visión prospectiva. Informe SESPAS 2020. Gac Sanit [Internet]. 2020;34 Suppl 1:68-75. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.gaceta.2020.05.007
3. Casavilca S, Cancino K, Jaramillo L, Guio H. Epigenética: la relación del medio ambiente con el genoma y su influencia en la salud mental. Rev Neuropsiquiatr [Internet]. 2019;82(4):266–273. Disponible en: http://dx.doi.org/10.20453/rnp.v82i4.3648