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Betahistina Respiratorio
November 24, 2025
La enfermedad de Ménière es reconocida como un trastorno del oído interno que se caracteriza por la presencia de vértigo rotatorio episódico, pérdida auditiva neurosensorial, tinnitus, presión auditiva y síntomas vegetativos como náuseas y vómitos. Su entidad fisiopatológica es la hidropesía endolinfática del oído interno, existiendo en ella causas multifactoriales de origen anatómico y genético, o a raíz de alergias e infecciones virales, aunque rara vez puede determinarse la etiología exacta en un paciente.1
Es difícil estimar las cifras reales, pero la literatura estima una prevalencia de entre 3.5 a 513 personas por cada 100 mil habitantes, dependiendo de la ubicación geográfica. Además de presentarse un fuerte predominio en el sexo femenino.1
La enfermedad de Ménière no cuenta con una cura actualmente, por lo que el manejo farmacológico conservador sintomático es de gran importancia,1 este debe enfocarse en reducir la cantidad, severidad y duración de los ataques de vértigo, así como prevenir la progresión del padecimiento y la pérdida del oído, y aliviar cualquier síntoma crónico.2
La betahistina es un fármaco similar a la histamina que actúa tanto como agonista parcial del receptor de histamina H1 como antagonista del receptor de histamina H3. Su eficacia resulta de sus efectos vasculares, los cuales inducen a un aumento en el flujo sanguíneo del oído interno.1
Aunque la betahistina se ha usado en el tratamiento del vértigo vestibular general, muchos médicos consideran que es especialmente efectiva en el manejo de la enfermedad de Ménière, por medio de una dosis media de 14-48 mg al día, dividida en dos o tres dosis individuales de 8 a 24 mg, cada una.2
El estudio de investigación desarrollado por el Dr. Molnár y colaboradores confirma que la betahistina en una dosis diaria adecuada, especialmente en combinación con nootrópicos, es una opción de tratamiento potente, no invasiva y segura. En dicho estudio, el 70% de los pacientes con enfermedad de Ménière evidenciaron una resolución en las crisis de vértigo, pudiendo alcanzarse periodos sin síntomas, con eficacia en todos los grupos individuales.1
Acorde con la experiencia clínica del estudio antes mencionado, la dosis diaria de betahistina debe establecerse para cada paciente individualmente, hecho que se explica por las características del metabolismo de la betahistina. Por supuesto, en la práctica clínica, las características del metabolismo no se pueden rastrear para cada individuo, por lo que el seguimiento a largo plazo y los cambios necesarios en las dosis del tratamiento son de gran importancia.1
Por su parte, hasta once estudios recientes han mostrado un efecto positivo en el uso de la betahistina con una mejoría en la sintomatología asociada al vértigo, con cuatro de ellos demostrando una disminución significativa en síntomas de vértigo, todos empleando dosis diarias de entre 24 y 48 mg durante periodos de entre 14 días y tres meses. En estos casos se reportó una relación riesgo/beneficio positiva en el uso de la betahistina como una terapia segura para el manejo de la enfermedad de Ménière.3
Los resultados anteriores coinciden con los obtenidos en los estudios de Mira et al. –donde se presentó una reducción significativa en la frecuencia e intensidad de los ataques de vértigo a partir del primer mes, así como equilibrio mejorado en pacientes tratados con betahistina–, al igual que en Liu et al., donde tres dosis diarias de 12 mg de betahistina por un mes mejoró significativamente las puntuaciones en pruebas del Dizziness Handicap Inventory y de riesgo de caídas.3
La betahistina es ya ampliamente utilizada en Europa como tratamiento de primera línea para la enfermedad de Ménière, donde ha tenido éxito en el manejo conservador de los síntomas según las observaciones del estudio antes mencionado, donde la dosis media se determinó en 87.5 ± 27.2 mg por día.1 No obstante, diversos estudios como el de Adrion et al. y Ricci et al. emplearon dosis diarias de betahistina de hasta 144 mg.2
También es importante mencionar que, para lograr el adecuado seguimiento de los pacientes, los diarios de vértigo son importantes y bastante útiles. El llenado y manejo continuo de estos diarios es una vía terapéutica cognitivo-conductual que beneficia al paciente al sentir un mayor control de su propia enfermedad, pero también favorece al médico tratante porque de esta manera, con una adecuada educación del paciente, la modificación y el ajuste de la dosis pueden ser realizados por los propios pacientes.1
En su guía clínica para el manejo de la enfermedad de Ménière, Basura et al. mencionan el uso de betahistina como un tratamiento seguro donde los efectos secundarios son raros, mientras que se invita a reevaluar periódicamente a los pacientes para monitorear su mejoría y posible intolerancia a cualquier efecto adverso, en caso de haberlo.2
Así, durante el Congreso de la Federación Internacional de Sociedades de ORL (IFOS, por sus siglas en inglés) en 2017, se llegó a un consenso y se resumió en un algoritmo. Según su recomendación, la primera línea de tratamiento contempla asesoramiento sobre el estilo de vida, así como uso de fármacos diuréticos y betahistina,1 pues el uso de esta se ha documentado como bien tolerada, con bajo riesgo de efectos adversos.2
Referencias
1. Molnár A, Maihoub S, Tamás L, Szirmai Á. Conservative Treatment Possibilities of Ménière Disease, Involving Vertigo Diaries. Ear Nose Throat J. 2021;100(7):536-542. Disponible en: https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0145561319881838
2. Van Esch B, van der Zaag-Loonen H, Bruintjes T, van Benthem PP. Betahistine in Ménière’s disease or syndrome: A systematic review. Audiol Neurootol [Internet]. 2022;27(1):1–33. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1159/000515821
3. Holmes S, Lalwani AK, Mankekar G. Is betahistine effective in the treatment of ménière’s disease? Laryngoscope [Internet]. 2021;131(12):2639–2640. Available from: http://dx.doi.org/10.1002/lary.29535